Ha muerto José Luis de Vilallonga

El aristócrata José Luis de Vilallonga ha fallecido a las 17:30 de la tarde, a la edad de 87 años.

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Ha muerto en brazos de su ex mujer Sylianne, que lo ha cuidado en los últimos tiempos.

El desenlace se ha producido en su residencia de Port d’Andratx (Mallorca).

José Luis vivía puerta con puerta con Sylianne Stella, su ex mujer y el marido de ésta, el pintor Jorge Bascones.  En los últimos tiempos, Vilallonga no tenía más que palabras de elogio y agradecimiento hacia ellos.

Sin embargo, quería morirse.  Así lo manifestó en una entrevista al programa “Gente” de TVE.  “Llega un momento en que hace falta ser idiota para no darse cuenta que eres una carga”

Sylianne ha declarado, muy afectada, que hasta hoy José Luis estaba bien, y ha sido esta mañana cuando ha comenzado a sentirse mal.  Tras llamar al médico, éste dijo no verle nada bien y finalmente ha fallecido en su cama sin sufrir.

Vilallonga nació en Madrid en 1920. Marqués de Castelvell y Grande de España; no quiso seguir la carrera diplomática y se convirtió en , escritor y periodista. Entre sus obras destaca la biografía de S.M. el rey Juan Carlos I, escrita en 1993.

Por Carol Ortiz

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Una Respuesta to “Ha muerto José Luis de Vilallonga”

  1. Rafael del Barco Carreras Says:

    JOSÉ LUÍS DE VILALLONGA Y CABEZA DE VACA

    Marqués de Castellvell y Grande de España.

    Por Rafael del Barco Carreras.

    Con la muerte de José Luis de Vilallonga me rebrotan veintidós años atrás. Otro mundo, cuando tropecé tras tres años en La Modelo con un vividor explotando su papel de escritor, socialista y aristócrata, y por casualidades se incluyó entre mis estafas bancarias en el intento de enderezar mis empresas muy dañadas por la ausencia. La compra del coquetón pero desastroso restaurante montado por Syliane, y los créditos del Banco Mercantil de Tarragona, amén de unas letras en el Banco Pastor, le produjeron no menos de treinta millones de los 85. Aunque se los gastaría en su brillante vida de gran marqués, que en aquel momento disfrutaba más su mujer que él con ya 65 años, aquel dinero formó parte de mis últimos años de cárcel. Es curioso pensar que conocí y traté tanto a José Luis de Vilallonga como a Antonio de la Rosa Vázquez, o sea, poco, puntual, para unos negocios, y los De la Rosa me convirtieron en desgraciadamente protagonista, y José Luis, ¡con lo que le gustaba autobiografiarse!, nunca jamás nombró a quién le cubrió sus gastos durante unos años. El 85, 86 y más. El alivio monetario hasta alcanzar el éxito con la biografía del Rey elevando su caché de personaje célebre. El papanatismo. Un retruécano nos involucrara Antonio Parés Neira, administrador del Hotel Ritz de Barcelona, gracias a otra de mis operaciones financieras, y al que, sin recato después de muerto, en una de sus “memorias”, acusó de convertir el devaluado hotel, de antes de su reforma, en un mublé, olvidándose de largas y gratuitas estancias. Una fatal carambola pues en el 80 me recomendó a Luis Pascual Estevill, su abogado, y “perdió” unos documentos clave en el proceso por el Consorcio de la Zona Franca. Tito Parés, además de añadir en mi vida a Pascual Estevill y José Luis, sería uno de los promotores de Tita Cervera con la que el marqués partiría peras al encargarle la biografía del Barón Tyssen. El “club del Hotel Ritz de Barcelona”, donde se parieron tantas truculencias de la Gran Corrupción. Los tres descansan en paz.

    Haber conocido a su hermano Alfonso, por los 70, por cliente de la Caja Cooperativa de mi dirección, termina casi cuarenta años de anécdotas de los gran Vilallonga. Una de las grandes sagas, de los mayores terratenientes de Cataluña, se diluyó entre ciclos políticos y despreocupados artistas de mucho gasto. Recuerdo a Alfonso, pisando una finca con otro decrépito caserón y torre de vigilancia en Tarragona, consultándome por la venta en cincuenta millones ofrecidos, o a un grupo madrileño que le ofrecía trescientos si la escrituraban por seiscientos millones. Negocios.

    Me gustó leerle en tiempos, pero después de tratarle (otra casualidad, vecinos durante un año en la Castellana nº. 80) y reclamarle judicialmente diez millones de pesetas con sentencia a favor de una de mis sociedades, perdí la afición por su excelente castellano. Por supuesto, nunca cobré, por no encontrar bienes a su nombre a pesar de la declaración al Banco Mercantil por cientos de millones. Los derechos de autor los cobraba entre en negro y un agente francés. Insolvente total, aunque deudas sí sabía contraer, y seguramente por ello el piso en Castellana 80, mil metros cuadrados de doble ático, comprados por 25 millones a finales de los 70, con quizá el último reparto familiar, figuraba a nombre de Syliane.

    El tema acabaría con otro expolio a manos del abogado Eduardo Soler Fisas, socio de Luis Pascual Estevill, imposibilitándome la venta del Castillo de Castellbell, que yo consideraba de mi propiedad con poder suficiente para su venta. Una operación con actas corruptas. Mis ex abogados y sus “faenas”. Mal bicho el tal Soler (bufete con el otro ex socio de Pascual, Guerau Ruiz Pena, contratado por el Ayuntamiento) que en 1996 se presentó a juez por el “cuarto turno”, según rezan las listas publicadas en Internet, cuando Pascual alcanzó su máximo poder como vocal del Consejo General del Poder Judicial y su delegado en Cataluña, sin conseguirlo por la estrepitosa caída de su “padrino”. Su “vocación” se despertaría en los viajes a Suiza con el ya juez Pascual distribuyendo saldos. Viajes incluidos en el sumario por “extorsión y chantaje” pero escaqueados en el burle entre trileros de los “profesionales de la Justicia”. Otra historia paralela a la de José Luis.

    Para detalles http://www.lagrancorrupción.com

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